Reseña

Santos: Acróbata de la aventura

Competir de manera digna, y por momentos excepcional, dando ventajas a los rivales pero sometiéndolos a fin de cuentas, Santos nos muestra un camino distinto, agradable a la vista y exquisito al paladar. Es un acróbata de la aventura que hace piruetas y “suertes” en el aire para entusiasmar, dejando espacios vacíos para que alguien pretenda ocuparlos pero no se animan a hacerlo. El coqueteo de la Libertadores con viajes larguísimos, y el placer de ser el tercero en el torneo local, encumbra al equipo lagunero.
Ha hecho de la aventura, una nueva y dominada forma de vida. Anoche lo volvió a demostrar. El control de sus emociones inspira a generar más enriquecimientos porque deja la puerta abierta a cualquier circunstancia, adversa o favorecedora de resultados. He aquí la dicha que engendra un arte sometido a los vaivenes de los caprichos y sujeto a la voluntad de su hacedor. El dueño de los destinos aventureros de Santos es él mismo; esto lo hace más grande.
Su testamento ya lo conocemos pues nos está dejando un legado de vibraciones que nadie es capaz de engendrar. Pareciera errante, semejante al globo que se le escapa a un niño. Pero no. Es su destino. Ser misterioso, escéptico, incrédulo en sus conquistas, dudoso de sus logros pero relevante al momento de ver el final de la aventura. Ser el número 3 es atreverse a pintar el universo a su antojo, con caprichosas pinceladas, respetando a los dos de arriba, pero avisando a los otros, que en ambos torneos está para ser autoridad con aventura y pericia.
El aparente desorden tiene dirección, y lo no comprensible resulta transparente. Las dos batallas, Libertadores y Clausura14, están en pie. Anoche la aventura fue exagerada pero agradable al paladar. Atlante ha descendido haciendo acrobacia para permanecer en un sitio donde dignamente hasta fue campeón. Ha muerto con gallardía. Santos encanta y emociona al más insensible pues su aventura está llena de maniobras y destreza.