Reseña

Prohibido prohibir

Todo sea para bien, o para mal. Lo que usted pueda pensar hoy, del Santos, cabe en los límites de lo posible, absurdo, inverosímil y hasta sagrado. Es factible que siga creciendo en los dos torneos. Es verdad que agrada y contagia con cierta dualidad, pero lo hace con asombro. Es creíble lo que provoca y divino es su destino, siempre y cuando no entorpezcan su camino. Es para aplaudirle y felicitarlo porque no se conforma con ser campeón de un torneo copero devaluado por todos, incluyendo al ganador.
Al Santos le está prohibido prohibirse sus alcances aunque para conquistarlos tenga que hacer cositas novedosas, experimentos que le aprueban porque pasa por buen momento pero que nunca ha puesto en práctico y pudiera sonar a novedades sin razón. El único sentido de lo que hace es que lo prohibido no se le va a prohibir. Es entonces donde lo gracioso de su andar tan aventurero, se le admira porque asombra. La capacidad de asombro que genera Santos no ha desaparecido. Es un encantador encantado; está prohibido negarle algo.
La filosofía de su actual andar se asemeja a la de un vagabundo con dinero que a veces no sabe a dónde pretende ir pero como cuenta con recursos y capacidades para interpretar los destinos, no le está prohibido intentar caminos antes no andados. La seguridad que hoy muestra el equipo lagunero, ya la quisiera Cruz Azul que al verse tan cerca del gran todo, teme quedarse (como siempre) sin nada. A los cementeros les está prohibido ser el mejor. Así lo signaron hace tiempo.
El color verde de nuestro país está presente en la fiesta libertadora. Eso es para volver a revalorar lo que tenemos y jamás despreciar las infraestructuras de las instituciones como la calidad del futbolista mexicano. Quien gane un torneo u otro, no importa. Lo relevante es saber competir con dignidad dejando huella de algo muy bien realizado. Aquel que se atreva prohibirle algo a los representantes del buen jugar, le estará prohibido ser trascendente.