Reseña

Premiación Grande

Tuve la fortuna de acudir a un evento diferente, de “glamur”, al cual nunca había asistido, por lo tanto no fue de rutina. Entre la vanidad, elegancia, lujuria dejada a la imaginación y las muchas intenciones de provocar y recibir diversión, fue desarrollándose el magno certamen. Premiar es reconocer. Grande significa importancia, excelsitud.

La letra “G” es la séptima del abecedario y existen muchos nombres propios o apellidos que inician con tal consonante.Guadalajara, Gómez, González, Gutiérrez. En el caso que nos pudiera ocupar, ni González ni Guadalajara, representan algo grande en este momento.

En tal premiación, me correspondió ser presentador de la categoría a Mejor Conductor de programa deportivo cuyo ganador fue David Faitelson con quien, ya pasado el evento, pude intercambiar agradables conceptos y sustanciales ideas (hasta filosóficas) de distintas realidades del futbol mexicano y de los clubes, incluyendo dueños, dineros, directivos, jugadores, partidos, campeones, finales, goles, entrenadores. Grande fue la fiesta antes, durante y después.

Perfecta la organización, efectiva la realización, con humor fino y damas exóticas que no dejaron nada para el día siguiente.

Todo se consumió y se consumó ahí, en el momento, porque la ceremonia así fue diseñada, para eso nos convocaron; para entretenernos. En el “sagrado” recinto no tuvo cabida la pobreza de espíritu, y al mal olor no le permitieron la entrada.

Fue selecto, escogido por la grandeza de ser y de ejercer.Si alguien tuvo algún reclamo, estuvo avisado con anticipación. La mujer, las damas, tuvieron un posicionamiento distinguido y especial. No podía ser de otra forma.

Y no sólo las nominadas, las presentadoras, las ganadoras o las edecanes. Una de ellas, ella sola, era el Premio Grande. Era la que llevaba y traía los premios, también los entregaba. Melany. Con ella bastó para engalanar la fiesta grande. Su distintivo, un hermoso tatuaje en su brazo izquierdo. Gracias a los Premios Grande.