Reseña

Periodista o aficionado en liguilla

Hoy, en Liguilla, están las siguientes ciudades: Querétaro, Toluca, Monterrey, La Laguna, Morelia, León y la Ciudad de México. En tales lugares (obvio) existen periodistas y también aficionados. El sentir, percibir, pensar y opinar de ambos es hasta sagrado pero cada quien en su respectivo rol. Me asusta y me saca de onda (también de quicio) darme cuenta que el periodista modifica su papel y también su conducta, sobre todo en liguilla.
No es sano, no se vale y debería existir una ley que lo prohíba, que un supuesto periodista, se ponga en el púlpito a lanzar arengas tratando de demostrar, sin bases sólidas, que el equipo de su plaza va a ser el campeón, sobre todo antes de arrancar la liguilla o apenas consumado el partido de “ida”. Da pena tener a un periodismo así. Que sea el aficionado quien se parta el alma a su estilo y jugando su rol, quien se afane en vociferar que su equipo será el supremo; se comprende. Pero, no al revés.
El periodismo es tan sagrado que siempre debe observar fielmente varias virtudes y darle cumplimiento a valores que se transforman en normas de conducta. Prudencia, sapiencia, investigación de la verdad, búsqueda constante de la objetividad,  moderación, saber establecer diferencias, dominio de sentimientos y simpatías, son dones que el periodista debe poseer. A un aficionado, nada de lo anterior se le puede solicitar porque su función es otra; apoyar, gritar, alentar, juzgar poco, comprender, entusiasmar, vibrar, celebrar o llorar.
La confusión de los personajes con ropaje de periodistas transfigurados en apóstoles de un equipo, daña mucho al mejor desarrollo de conceptos de vida. Se pueden esperar novedades ante las sorpresas y obscenidades de las liguillas. Lo que no es permitido es echar porras ideológicas desde una tribuna tan sagrada como la del periodismo porque se ultraja el templo, se ensucia el hospital y se ofende a la universidad. “Zapatero a tus zapatos”.