Reseña

Noche romántica

La dimensión desconocida de la vida se apareció en la noche del amor. Pero, como suele suceder en los encuentros amorosos, primero era necesaria la presencia de la molestia, la incomodidad y el desaliento con perdón añadido. Orozco cometió el error de su existencia, sólo por eso merece irse a la banca, para ser parejos, pero sus compañeros le resolvieron el problema y ahí empezó la hazaña con romance perfecto.

Tavares no cree en nadie; hasta se mandó hacer un traje de crack. Osvaldo se la debía a sí mismo, Furch luchando para todos y Rodríguez sanando sus heridas. El equipo se puso serio a favor de su portero para aminorar los embates de las desgracias tempraneras. El buen actuar lagunero, antes de empatar, daba serios avisos de que el panorama se podía aligerar. Y sucedió. Parecía una utopía amorosa.

Noche mágica que provocaba exceso de confianza  recuperándose del error terrible que decretó el milagro. Minuto macabro que pintaba para tragedia pero el compañerismo y el buen actuar se esmeraron para transformar los reclamos y silbidos, en alegórica victoria. La noche no se atrevió a venirse encima porque se acordó que era un día diferente convocando a la reconciliación, al amor, a la amistad graciosa.

Debemos agradecerle a Orozco su gran detalle que obligó a sus compañeros a lavar la afrenta, prueba de amistad solidaria y de amor frenético. El buen futbol  hizo aparición, otra vez, con el jugador del torneo (JDT) y poco a poco la velada fue tersa, graciosa, contagiante. El amor inició siendo pecado pero terminó con deleite celestial.

El juego nocturno quiso parecerse a la celebración del día. Todo fue romántico.