Reseña

Mariachi sin violines ni trompetas

Miguel Herrera apantalla a los efusivos pero no a los pensantes. Sigue creyendo que la pasión es la clave para desarrollar capacidades en sus dirigidos. Si en un mariachi no hay violines y tampoco trompetas, pues no es mariachi. Así es la selección mexicana hoy. Con Salcido y Guardado en la nómina, más la salida de Juan Carlos Medina y la entrada de Ponce, posiciones distintas y cualidades deformes, el mariachi no trae violines y las trompetas se quedaron archivadas.
La ambición mal encaminada de no fijarse como meta el famoso quinto partido, y pensar en más, es total desubicación. Es pretender melodías agradables sin violines. No habrá generación de futbol en medio campo sin el lagunero hoy lesionado. Los ignorantes y creyentes en los mariachis sin trompetas, siguen pensando en las cualidades inexistentes de Salcido, y le otorgan virtudes multifuncionales, pero es incapaz de dar un buen pase al frente de más de 13 metros.
Los nominados al tricolor actual han sido conformados de la siguiente manera. Herrera pudo escoger a 13 nombrados por él de manera convincente. Los otros diez fueron llamados por la mercadotecnia barata. Da pena ver comerciales de la cerveza patrocinadora que exhibe a Muñoz en primer plano, y no es de los llamados. Aquí aparece otra forma de ausencia de violines y trompetas. Lo que se tuvo planeado fue modificado por instrucciones privilegiadas a las cuales nada le interesa el progreso del futbol.
Herrera sueña con llegar hasta Rusia cuando no se da cuenta que su contabilidad no le alcanza. Es penoso imaginar lo que no muestra la historia. Y sin violines y trompetas, pues menos habrá serenatas agradables. La codicia no aparece; lo que pulula es la ignorancia; que es peor. Enferma tener que soportar declaraciones llenas de romanticismo cuando nuestro futbol tiene un techo muy claro, y bajo. No es cuestión de optimismo espiritual: es tema de inteligencia y honestidad. Urge decir las cosas a tiempo, antes de que sucedan. Nadie contrata a un mariachi sin violines y sin trompetas. Miguel Herrera y su séquito de pensantes que le acompañan, sí.