Reseña

Marcador lapidario que resucita

Algo tiene la ciudad de León en contra de La Laguna. Lo primero que tiene es un gran equipo con individualidades destacadas, actividad colectiva, generosa, vertical y venenosa. El marcador hasta el minuto noventa (3 a 0) era lapidario pero de repente apareció la reacción, casi milagrosa, que le da vida y ánimo al Santos. Lo que era totalmente inmerecido porque a Santos lo superaron de principio a fin, de norte a sur y de este a oeste, terminó siendo resucitador.
No importa todavía tanto el marcador, lo trascendente pero deplorable y denigrante es que la actuación lagunera, en el primer tiempo dejó un sabor de boca agrio, y más porque Quintero (se le notaba) actuó limitado. León hacía lo que quería, lo que intentaba le salía y lo que no era peligroso lo convertía en tormento para la visita. La tragedia estaba tatuada en la piel lagunera y había que soportar el vendaval. Imposible detener la avalancha guanajuatense.
La pregunta obligada a estas alturas del torneo es: ¿Por qué, con qué motivo y pretendiendo qué, el lateral izquierdo de anoche, fue Alanís? Junto a la pregunta que como en el boliche, al tirar un pino se caen otros, la interrogante se agranda. Ni Mares ni Abella y tampoco Ibañez fueron aptos durante 19 partidos, 17 del torneo y dos de cuartos de final. Esto, como intento de diseño estratégico, no es comprensible.
Si alguien pretende salirse por la vía fácil, afirmando que el entrenador, sabe lo que hace, pues lo aceptaré, pero tal parece que tanta decisión incongruente durante el torneo, ayer se confirmó más, sobre todo por el baile que le pusieron a Santos. Los laguneros casi no metieron las manos; que eso quede obvio. El comportamiento del juego junto al marcador era lapidario, mortal, pero de sorpresa y sin merecerlo, llegó la resurrección para alentar las esperanzas y mover las ilusiones. Y aclaremos algo para entendernos bien: la intensidad la trae y la puso el verde de Guanajuato. Por aquello de intentar confundirse con la retórica barata.