Reseña

Interdependencia atrayente

Inicia un nuevo año, y junto a él, comienzan nuevos fervores. Las buenas intenciones surgen como natural respiración. El cumplimiento de los propósitos se convierte en tarea ardua pero atractiva, que debemos ejecutar. Aplicando esto a La Laguna, deportivamente, a todos nos consta el hilo encantador que une a la población con sus equipos, Santos y Vaqueros Laguna.
La industria del entretenimiento incita al sano contagio porque existe un “algo” mítico, místico, carnal y emocional, que produce contentamiento. Saber gozar lo que se tiene es parte de una obligación individual que en colectivo podemos disfrutar. La calidad de vida se incrementa con el sentimiento a plenitud. Ser feliz se traduce en emociones, ahogadas o exhibidas, pero emociones al fin. La vida rica, material, de lujo y placer, brota si existe en el interior, el tabernáculo apto para resguardar la felicidad plena.
El deporte y sus logros, generan dicha porque la alegría se comparte. Se agradece a las instituciones laguneras correspondientes su afán y preocupación por brindar emociones positivas y contagiantes a la comunidad comarcana a través de su peculiar giro. No es fácil darle gusto a todos porque la forma de percibir la vida forma parte de una propiedad privada. Lo atrayente del caso es que las diferentes organizaciones provocan una agradable interdependencia.
Desear felicidad para el año que inicia es una usual costumbre, respetable. Atrapar la felicidad es cuestión mental porque pertenece a lo intangible aunque se aparezca como algo muy material. Triunfar, ganar, vencer al otro, superar adversidades, anotar una carrera, meter un gol, son actos prácticos saturados de simbolismos. Lo que el Club Santos gesta, y lo que Vaqueros Laguna provoca, forma parte del mutuo enriquecimiento espiritual. Felicidades…!