Reseña

Gracias Club Santos por la aventura

Con 5 tiros a los palos, un error de un portero y un horror del otro portero, se definió la sentencia para no estar en la final. Así concluyó la aventura del Santos que le hizo honor a todo el semestre, donde la acrobacia fue su distintivo y brindó emociones a raudales. Este rol de entretener, divertir, contagiar, aventurar, esperanzar, dar y quitar, también se le agradece porque no es fácil cumplir con tanta exigencia, y llegar sin raspones o heridas mortales al final de camino.
La alegría que Santos causó durante todo el torneo, rebasó a las tristezas. La eliminación fue maravillosa por todo lo sucedido. No les faltó un gol; les sobró una falla juvenil. Ahora no fue Pedro, fue Julio quien desquició el tema y puso en el precipicio al equipo. El balance emocional es grandioso. La aportación sentimental deja grato sabor. La caída se sufre pero se agradece la manera de brindar espectacular diversión, porque a fin de cuentas, de eso se trata.
Santos no será campeón, pero lo es en emotividad, pleitos, goles bellos, remontadas, discusiones, acercamiento a lo celestial, llegadas penosas al infierno, declaraciones desafortunadas y sano contagio. Es agradable contar los trofeos en la vitrina. Es obligatorio repasar y disfrutar todos los momentos salpicados de entereza, gallardía, fallas, entrega, emocionalidad, inteligencia, pundonor, esfuerzo y calidad. La variedad fue excitante, nada se quedó guardado, todo se ofreció con exquisito placer.
Santos aportó distinción, y se le agradece porque fue un deleite constante. Todos los gustos han quedado colmados, las demandas se cumplieron, las pasiones tuvieron su gozo, la decepción fue acompañada por emociones y el talento tuvo deficiencias. Todo el país pudo apreciar la significativa presencia del Santos. No fue tibio; siempre caliente o frío, presente, pensante, entusiasmador de energía, guerrero, provocador de variados sabores; murió peleando, y de pie. Gracias Club Santos por ser experto en aventuras.