Reseña

Golazo cervecero

El “Chicharito” no hace lo que el mal llamado “Tecatito” Corona y Damm hicieron ayer en Honduras. Gracias a sus facultades, sin tanta alabanza vana, y porque saben jugar al futbol, llevaron al triunfo a México. He aquí la primera gran diferencia entre jugar futbol, tener capacidad para generar peligro, o simplemente empujarla.

La victoria mexicana se fraguó con olores cerveceros. Corona, de apellido paterno, mal tratado en Monterrey, le tuvieron que poner un apodo a modo, para que cupiera.Golazo y a comer.

La otra anotación, llegó por la virtud del alemán despreciado también por el “Piojo” Herrera, aunque haya estado “tierno y joven”.

Las virtudes no van al registro civil a imprimir su sello. Bienvenidos los dos que anotaron en la histórica conquista a Honduras. Los demás, al menos le entraron al compromiso, con o sin futbol, no se rajaron. Los “europeos” tratando de poner el ejemplo.

El hijo pródigo nada fino, cual su costumbre y el colombiano en lo suyo.Patadas, empujones, no futbol, faltas, rencores escondidos, tradición maléfica y malévola.

Mucho desorden todo el juego hasta que el “golazo cervecero” puso contentos a los mexicanos. Incapacidad para fabricar, convicción para ganar. Con eso fue suficiente. La pelota estaba muy molesta, la ensuciaban cada diez metros. Hasta Talavera se lució para no olvidar al chorizo. No se podía competir mejor.

El triunfo se logró a empujones, pellizcos, paciencia y genialidad de los anotadores que entraron a componer el escenario.La eliminatoria de nuestra zona es más lucha libre que futbol; siempre, no sólo ayer.

Los goles fueron un par de poemas (piropos) a lo que los jóvenes mexicanos, no extranjeros ni naturalizados, saben hacer.

Triunfo que puede embriagar pero se sugiere que deje lección. Dos golazos de los que saben jugar futbol. He ahí el gran mérito de los 3 puntos.

La camilla pudo entrar a jugar y nadie reclamaba porque desde la tercera cuerda, todos se querían aventar. Así es la Concacaf; da para llevar. “Chicharito” incapaz de ayudar a tratar bien el balón. Partido malo, victoria extraordinaria para celebrar al lado de una cerveza en honor al primer anotador.