Reseña

Gío contra Santos; muchos contra él

Después de la “cruda del borracho” podemos desmenuzar por qué el “beodo” dijo lo que dijo y si lo quiso decir, por qué le gritaron “pasado de alcoholes”. Un amplio sector de la prensa nacional (si no es que toda) lo defendió, y siguen sin entender las razones de la afición lagunera.

Si Marchesín le dijo “borracho” sus argumentos debe tener y las pruebas necesarias deben valorarse. De ser esto cierto, los falsos códigos de ética, y los mentirosos pactos de caballeros, se derrumban ante el profundo sentir y disentir de cualquier afición.

Santos (el jugador mexicano) se enredó más, él solo, en su réplica e intento por defenderse. Se la complicó más por falta de inteligencia, la cual, el “borracho” pocas veces ha mostrado. Se le reconoce algo distinto cuando tenía 17 años. Fue campeón del mundo. Pero con tonta osadía fue capaz de afirmar que no sabía quién era el Club Santos. Un ex miembro de tal equipo (Peralta) le colgó en su cuello la medalla de oro olímpica.

Entonces, el “borracho” entre que miente, le falta memoria o está tonto. Pobrecito.Ciertos comentaristas capitalinos, más capitalinos que mexicanos, y obviamente no laguneros, no tuvieron la sagacidad y tampoco la sabiduría para entender la molestia de la afición lagunera.

Aquí no se trata de algunos mexicanos a favor de un “borracho”. Se trata de otra dimensión de la ignorancia. Si alguien (mexicano) no sabe quién es el Club Santos, 5 veces campeón en torneos cortos, diez veces finalista, y organización que en 20 años, ha trascendido, pues muestra su patética postura apegada a la bajeza. Lo hace, sólo un borracho.

Seguramente al “borracho” (según aficionados laguneros) ya compendió quién es el Santos después de la bella goleada que él y su equipo recibieron el pasado martes. Entre jugadores, se pueden respetar con hipocresía.

A las aficiones no se les insulta, porque en este caso, el “borracho” como niño, no fue capaz de decir la verdad; y siendo así, que se aguanten todos, incluyendo a los que pretenden defender su ineptitud que se asemeja a la alteración elemental del cerebro.