Reseña

Generosa invitación

Tigres y Monterrey han invitado al país a su fiesta. ¿Cumplieron ayer? ¿Nos agradaron? ¿Nos dejaron con la ilusión de volverlos a ver para apreciar su calidad? ¿La “Vuelta” acapara la atención en función de la “Ida”? ¿Fueron capaces de dejar la puerta abierta para disfrutar la parte complementaria? ¿Decepcionaron o fueron intrépidos en su osadía? ¿Aparecieron en el escenario que supuestamente anhelaban, para ganarse el aplauso de todo gustador futbolero?

La final no tiene pase de abordar expedido en la capital del país. La Ciudad de México, al acaparar todo, incluyendo el futbol, se vuelve envidiosa cuando no participa, ni por error, en la gran final. Su atención se distrae, se diluye su ocupación porque, todavía, fuera de México todo es chiquito aunque los finalistas sean protagonistas en la nómina.

El futuro campeón tiene doble obligación. Si llega a ser Monterrey, su requerimiento es porque debe ocupar el privilegio que otros 4 líderes generales han logrado. Toluca, Pachuca, Santos y América, sólo ellos, han sabido ser campeones como lugar uno. Tigres no ha podido ser campeón mostrando con orgullo el lugar dos. Entonces, la exigencia señala a ambos como los responsables de algo distinto. Su decisión, la sabremos hasta el domingo.

La fiesta regiomontana la debemos entender y dimensionar. Ellos han hecho mucha “alaraca” porque por fin llegaron juntos a la ceremonia ritual. La magia de la final les corresponde; que la gocen, y que la sepan disfrutar en paz, respeto y cordialidad. El choque emocional que los embarga desde siempre, podrá arrastrarlos a la violencia, y si ésta llega, la gran ganadora será la pena que los cubrirá siempre, sin importar el campeón o el subcampeón.