Reseña

Fiesta sin música

Alguien definió a la liguilla como “la fiesta grande del futbol mexicano”. Razón le sobra. Santos llegó a ser tercer lugar general en la fecha 8; hoy está afuera de la delgada línea permitida para participar en dicha fiesta. Las posibilidades existen, depende de más factores externos, de nuevos imponderables pero la realidad indica peligro y tendencia a no estar. La fiesta hoy está latente, pero sin música. Y una fiesta sin música pues será velorio, no fiesta. No está todo perdido pero la debacle llegó en el momento menos esperado. Las actuaciones están presentes, con esmero y entusiasmo. Pedro no falló el penalty el viernes pasado pero algo no funciona al interior del equipo, y sólo ellos deben saber qué sucede. Todavía hay oportunidad de contratar de perdido a un cuarteto, ruidoso y escandaloso, pero que alegre el momento.La situación es crítica porque no están solos en lista de espera; hay más gente, igual de ansiosa. Los sueños y las ilusiones son de varios, no sólo de los laguneros. Tal parece que los empeños no se han podido cuajar y será necesario actuar de manera diferente, ejemplo, desaparecer por completo el protagonismo del entrenador que no beneficia en nada, sólo mancha la imagen de la institución y seguramente molesta a los jugadores quienes son los únicos y verdaderos hacedores.La Laguna ha estado acostumbrada a estar presente y gozando la fiesta grande. La esperanza existe pero los alcances parecen indicar que deberán acontecer muchas situaciones fortuitas y todas a favor para que haya fiesta y música en ella. Las dos visitas pendientes (UdeG y Puebla) deben ganarse pero ya nada es pronosticable a estas alturas del torneo pues lo que en apariencia ha estado bajo control, se ha desvanecido de las manos. No existe una fiesta sin música.