Reseña

¡ Felicidades América… !

Cada uno de los finalistas traía su propia carga emocional adentro y por afuera. El teatro de ambos estaba salpicado de sentimientos, y además su respectivo guión no era el mismo. La final, como un teatro, se perfiló para entusiasmar más por el evento que por la calidad de juego. Como el futbol pertenece a la vida, está inmerso en la industria del entretenimiento, y a eso se dedica; a entretener. América y Tigres, sólo por haber llegado a la final, nos entretuvieron. Felicidades al campeón.La energía de cada afición, las lágrimas contenidas durante la semana y el torneo, los sufrimientos escondidos y los gozos exhibidos, son uno de tantos reflejos de que la vida es un teatro interior y exterior que debemos saber actuar. La final es un tesoro inmenso en nuestro país, y deleitó al americanismo pleno que supo ser paciente, esperar el error del rival y emparejar las condiciones. Pero surge la incógnita, la incongruencia o la declaración de que los valores humanos están pisoteados.Un entrenador líder general de todo el torneo y hoy campeón, es despedido. Este guión de esta obra macabra, propia del teatro de terror, es incomprensible. Otro que blasfema contra su afición y la insulta (Pedro) seguirá y hasta le acaban de allanar el camino para seguir. Ambas situaciones pertenecen a la dimensión desconocida del campeón y del no honesto. No tiene otro nombre. Mientras, que el campeón goce y ordene sus principios y valores, si los tiene.Las marcas de la final prometían. Con las expulsiones, goles, golpes y sarcasmos del juego, América rompió una estadística que yo había fijado. Fallé, erré en el pronóstico, algún día tenía que suceder, después de haber atinado varias veces y en distintas ocasiones. Muchos laguneros están contentos porque son fieles seguidores del América, y otros porque son rivales a morir de Tigres debido a la animadversión hacia un colega. ¡Felicidades al América!