Reseña

La Felicidad de Osorio

El colombiano está feliz. Su satisfacción debe radicar en que lo contrataron sin solicitarle pasaporte y le abrieron el camino para que todas sus decisiones pudieran ejecutarse. Si le llegaron a cuestionar algo, fue con motivo del 7 a 0 recibido por el otro finalista de esta Confederaciones. Ese marcador y actuación, los podemos cuestionar y satanizar si se gusta, después de entender que Alemania lo hizo ver muy mal ayer.

La Felicidad de Osorio es enorme. Ha hecho lo que ha querido, aplicó lo que le vino en mente. Supo conformar un conglomerado de excelentes jugadores, iguales en calidad a los mexicanos que fueron eliminados en fase de grupos en el mundial de 1962, en Chile, al jugar contra Brasil, España y Checoslovaquia. La Selección de Osorio es idéntica a la que también fue eliminada en fase de grupos en el mundial de 1966 al enfrentarse a Inglaterra, Uruguay y Francia. ¿Qué diferencia existe entre el 4 a 1 de ayer contra Alemania, y el 6 a 0 de Alemania contra México en 1978 en el mundial de Argentina? Ninguna.

Así que, aquí no hay novedad. No hagamos mártires a los pecadores y no hagamos esclavos a los intelectuales. Osorio ha hecho lo mismo que Bora, Lapuente, Lavolpe, Aguirre, Herrera.

Muy aparte, para mal, están Meza, Hugo, Tena, Vucetich. La felicidad de Osorio radica en su sana libertad para actuar y decidir que se confunde con terquedad. Lo contrataron para captar la atención sin quebrantar los códigos de ética; y lo ha logrado. He ahí su satisfacción y felicidad.

Un buen puñado de futbolistas (los actuales) necesita un entrenador a la altura de ellos. Los jugadores mexicanos tienen su tope histórico; el entrenador actual empieza a tener también su propio tope. No hay novedad, nada es diferente.

Por eso el contentamiento de Osorio está justificado. Su felicidad radica en estar haciendo lo mismo que otros, idéntico a lo de siempre.