Reseña

Enorme grandeza del Santos

La historia del Club Santos es fantástica. Precaria situación, satisfacciones con carestía, dudas por existir, inyección monetaria, talento contratado, producción lagunera, primera liguilla, campeonato, deflación severa, abandono de la unidad de negocios, “sin padre ni madre”, reingeniería organizacional, nuevo estadio, penetración nacional, otra afición, estrategias empresariales con visión, más campeonatos, vigor para existir, redefinición de objetivos, autofinanciamiento. 

La grandeza ha sido enorme, por si fuera necesario aclarar qué es la grandeza.

La industria del entretenimiento no tiene ninguna queja porque el Club Santos ha generado enorme diversión, contentamiento, dichas, lágrimas de profundo sentimiento, desfiles emotivos, milagros de credibilidad.

El verde y el blanco se fueron transformando en negro, para regresar a lo albo, a la pureza y a la grandeza. Nombres, apodos, apellidos, personajes, eventos, momentos, eternidades, personalidades. 

Todo eso, gracias al Club Santos pobre y rico. Con jugadores mexicanos, laguneros, de esta tierra, extranjeros, europeos, buenos, malos, buenísimos, malísimos (sobre todo extranjeros) desconocidos, encontrados, reencontrados, cariñosos, adaptados, inadaptados.

Todos aportaron algo; mucho. Juan, Jared, Oribe, Christian, Antonio, Matías, Benjamín, Oswaldo, Rodrigo, Alfredo, Fernando, Daniel, Pedro.

La grandeza también es de la comunidad que recibe muchos beneficios poderosos porque el Club Santos le obsequia dichas a la sociedad, le regala identidad, satisfacción.

La grandeza paga dividendos. Santos ha sabido hacer unión común con la región, con el dinero, con el directivo y dueño, con el recurso humano, con la actividad de meter goles. La dicha ha sido inmensa.

El momento de hoy se presta (otra vez) para realizar una nueva reflexión. La grandeza del Club Santos sirve para volver a mejorar, con el presupuesto existente. Admiremos la grandeza del Club Santos.