Reseña

Diversión, negocio, presencia, fracaso y penuria

Podemos entenderle o no a la Federación Mexicana de Futbol y a quienes la conducen administrativa y deportivamente. Haber estado en la Copa América requiere su análisis. No queda claro si fue una restricción propia o impuesta el hecho de que Messi está con su país, y los “mejorcitos” de nosotros, no. ¿Explíquenme eso? Aquí hay duda, incongruencia y molestia. La diversión fue negocio pero no presencia.

Fue fracaso dando pena propia. ¿A eso se le apostó? Si así fue, el objetivo se cumplió.

Si lo óptimo es la Copa Oro contra equipos sólo de nuestra zona, es justo entenderles y admitir tal propósito. Aquí nos tocó vivir y existe la justificación para preferir lo oficial y no la invitación. Por encima de todo está el negocio que para algunos es lo único.

Después la diversión; ganar la próxima competencia será gran motivo de orgullos para otros más. La presencia se demeritó en Chile aunque no importe mucho la imagen.

El fracaso estaba estipulado y la pena se quita al día siguiente.No ganar la Copa de Oro, pudiera ser motivo de alarma pero, tampoco lo será porque las insignias son hábiles para excusar fracasos. No es adelanto ficticio, es un supuesto que hemos vivido otras veces. Se juntaron dos compromisos que obligaron a tomar decisiones incómodas.

El certamen con sede en el país vecino es el bueno, no importa que sea de cascajo. Es lo inconcebible de las alternativas. Jugar contra James, Falcao, Neymar o Tevez, no era importante.

Lo relevante es el tercer mundo en el cual estamos metidos.Pequeño entre los grandes pero grande entre los pequeños. En este caso, la percusión importa más que la persuasión. En América del Sur no convencieron a nadie, no se hizo ruido.

En América del Norte debe haber persuasión, convertir a los pobres, predicar ante los arrepentidos, convocar a los desnutridos. Por el bien de algo, aunque sea de la decencia, brota un deseo: que México no gane la Copa Oro.