Reseña

Demonios y ángeles en la liguilla

Otra vez y sin cansar a nadie, benditas las liguillas mexicanas. Son únicas cada semestre porque nos ofrecen algo muy distinto sin dejar de jugar futbol. Los equipos se transforman en ángeles o en demonios, según se vaya conformando el marcador de cada partido. Son deshonestas porque le roban a otro, al que se aparezca, un posible encanto que parecía ser propio.

Las liguillas también son obscenas porque se atreven a cometer pecados que no estaban en la lista. Imposible imaginar tanta belleza o maldad en partidos que se creían resueltos y que al final resultan una tragedia o un gozo pleno. La liguilla es nuestra bella forma mexicana de vivir. Nadie nos quita este honor.

También son maravillosas por su capacidad de brindar sanos y enfermos momentos. Pensar en la liguilla es sinónimo de drama en una trama cuyo guión nadie se atrevería a escribir por lo real y trágico. Su existencia sólo nosotros la comprendemos aunque a muchos no les agrede. Todos los equipos tienen algo angelical y diabólico que narrar de su experiencia en liguilla.

La liguilla es encantadora porque el futbol se luce; el mejor platillo mexicano se llama “Liguilla”. Tenemos la obligación de no perder la capacidad de asombro porque siempre ha sido atractiva. La industria del entretenimiento en nuestro país, debe estar muy contenta gracias a los ángeles y a los demonios que siempre se aparecen.