Reseña

Buen o mal fin

Inicia un lapso de siete días, con dos juegos por celebrarse, con buenas o malas noticias mundialistas, y luego una liguilla cuyo sabor depende de lo anterior. Si alguien inventó el concepto de “Buen fin” parece que nunca como ahora le queda al futbol mexicano. Aunque también puede ser “Mal fin”. La duda persiste, la zozobra está latente, la incógnita se abre más, las respuestas son escasas, el nerviosismo pulula entre unos cuantos, pero son los muy adinerados, y la inmensa afición poco puede hacer.
Es el trabajo e interés de muchos, colocados en pies y manos de muy pocos. Es una sinergia mal aplicada porque nos dan a entender que al no contar con los de antes (los que estuvieron en el campo de febrero a octubre) y haberlos hecho a un lado, se les señala como culpables, como si fueran leprosos sin curación. La odisea se juega en la ruleta rusa o en la de Oceanía. La confusión invadió también a tanta herejía pronunciada y ejecutada.
Cuando pudieron, con sobradas razones, deshacerse del “Chepo”, se arrinconaron las decisiones. Se atrevieron a suplicarle al dios de los mitos ignorantes, que tuviera a bien hacerse cargo del mal, y el cáncer no desapareció. Hoy le ruegan a los falsos ídolos que haga los milagros no esperados y que se apiade del pueblo en sufrimiento. El llanto tiene que venir aunque se acuda al mundial porque ya se hicieron muchas cosas mal. El posible “Buen Fin” no desaparece las maldades provocadas que hoy se padecen.
Tanta pisoteada que le dan al joven futbolista mexicano con la importación de exagerado número de extranjeros, es el “Mal Inicio” de cada semestre en nuestro futbol. Hoy no nos quejemos de andar recogiendo migajas de la mesa de los pobres. Suceda lo que acontezca, la reingeniería del futbol mexicano debe darse, porque las caídas ya fueron suficientes y los mensajes de serio aviso, sólo un idiota no los comprende. Los cambios sustanciales deben darse con o sin “Buen Fin”.