Reseña

Anti santista

Antier, presenté un dato verdadero pero no favorable al actual Santos. Descubrí esto: sólo un equipo que era lugar 14 a la fecha 12 de cualquiera de los 37 torneos cortos, terminó entre los primeros ocho lugares de la tabla general. Morelia hizo tal hazaña.

Por ese motivo, un aficionado cibernético me dijo “Anti santista”. He aquí la fealdad de la existencia, la pequeñez del alma, la idiotez de la ignorancia y el empecinamiento a reprobar todo aquello que sea contra los intereses propios, aunque tenga sustento y verdad.

Por trabajar, me etiquetaron de “anti santista”. En épocas modernas, los avances tecnológicos nos impulsan a creer en muchas más cosas que antes no comprendíamos. Tal parece que es al revés, lo cual empuja a un retroceso. Si algo no conviene, es rechazado por el de escasa capacidad cerebral.

Es atroz tal postura pero el opio del pueblo, que es el futbol, acarrea tales males. Ver la verdad histórica, aplicada en futuro al mal paso del Santos de hoy, le dolió a un aficionado que exhibe sus precarios recursos intelectuales.¿Quién es anti santista? Tratar de definir tal concepto, nos lleva a desviaciones y apreciaciones pero daré algunos lineamientos.

Es “Anti santista” quien proclama objetivos claros pero no cumple ninguno. Es mentir. Es hablar, hablar, hablar, sin convencer ni persuadir.

Es darle la espalda a la afición con decisiones que no le agradan.

Es perseguir lo contrario a lo que anhela la afición acostumbrada a buenos manjares debido a los 4 campeonatos. Es sostener una decisión tomada hace 28 meses cuando los resultados presentes ya no avalan eso.

La vida moderna, aunque esté saturada de fervor que el futbol aporta mal, debe distinguirse por el proceso reflexivo, con sustento cerebral, pasión espiritual, enjuiciamiento a la realidad sin darnos el lujo de distorsionar la verdad. Si sólo un equipo lugar 14 a la fecha 12, pudo calificar, representa el inmenso grado de dificultad para el Santos de hoy.

Eso, no es culpa de quien encontró tal información. Matar al emisario era la costumbre. Hoy, la modernidad, nos exige saber razonar sin amotinarnos en el pantano de la ignorancia.