Reseña

Agradecimiento, felicitación y exigencia

Todo parece ser un sueño. El héroe de esto no es uno, son todos. Con dolor y sacrificio pero también con sabiduría e inteligencia han conquistado lo que hace cuatro años fue un vil calvario. El umbral de la dicha está a sus pies porque modificaron sus esquemas o los rivales han sido sumamente inferiores. Existe esa duda. Los encuentros se llevaron a cabo como si se tratase de un simple juego de “damas chinas”.

Se les agradece, se les felicita pero también se les va a exigir más porque llegar a dar lo mismo, otra vez lo mismo, ya sería enfado y aburrimiento fatal. El inteligente sabe cambiar el mundo; el sabio se cambia a sí mismo. Y aquí radica la nueva tarea, vayan o no a Palacio Nacional o a los Pinos a prometer tan sagrada odisea. La clave de este sueño estriba en la capacidad que se tenga para poner en escena esta nueva pero repetida obra de teatro.

En la pantalla y en el campo, el pueblo mexicano mientras elige presidente, anhela no tener más de lo mismo dentro de diez meses. Si nada nuevo se consigue no habrá castigo ni tampoco culpabilidades. Se ofrecerán las mismas excusas de siempre y punto. A menos que podamos llegar a otra meta porque acceder a la misma orilla, ya cansó.

Se les agradece que por ahora hayan sido tan generosos, cordiales, intrépidos, irreconocibles, humildes y agraciados. Se les felicita porque le han vuelto a dar al pueblo mexicano una satisfacción más, la misma de varias décadas atrás. Falta poner la vara más alta y brincarla.

El tomador de decisiones deberá saber que con lo que tiene en sus manos ha adquirido un sagrado boleto que contiene exigencias. Feliz viaje a todos, incluyendo a la afición. Y también, mejor regreso.