Reseña

Ridículo y sublime

A nuestro compañero Luis Miguel Rodríguez se le ocurrió definir al Santos de hace un tiempo para acá, de una manera poco usual pero muy real. Dijo que era y transitaba de lo “sublime a lo ridículo”, en un mismo partido o en tiempo corto. Y lo es. El ejemplo más cercano lo tenemos al recordar el juego contra América. Así es el Santos: ridículo o sublime. Es lo que hay, y de esa manera ofrece espectáculo que agrada o contamina, pero contagia. Esta noche contra Morelia podrá ser otra o la misma historia.
Con la recomendable rotación de jugadores, en la sana reubicación de todo el plantel y con las conquistas obtenidas en ambos torneos, surgen algunas preguntas. ¿Volverá Cejas a iniciar un partido? ¿Crosas aparecerá, al menos, en la banca? ¿Calderón está considerado para ayudar, o sólo para estorbar la imaginación del entrenador? ¿Rentería sostendrá su buen ritmo? ¿Seguiremos viendo excelsitudes de la dupla “PQ”, Peralta Quintero? ¿El sistema defensivo está a prueba de todo? ¿Ribair ha llegado para convencer y estar firme? ¿Pedro, ya encontró la solución para la ecuación?
Morelia, en donde sea, no es una canica partida a la mitad. Como casualidad fervorosa, ambos equipos vienen de dos triunfos seguidos, y ganar 3 consecutivos, siempre es complicado. Lo será para los contendientes. Todavía no alcanzo a definir por qué es muy complicado ganar tres partidos seguidos, pero lo es. Entonces, los contendientes tienen frente a sí, una misma prueba, que entre ellos deberán dirimir.
¿Podemos decir de Morelia lo mismo de Santos; que es sublime y ridículo? El club lagunero ya tomó su disyuntiva: mata o lo matan, divierte o escandaliza, goza o sufre, es enorme o da risa, contagia o anda enfermo. Es lo que hay. Y así se le aprecia y reconoce su “nueva fisonomía”. El que pretenda otra versión, deseará otro equipo, que no existe. Es acompañado por lo ridículo o lo sublime.