Cartas oceánicas

El viejo Samuel

Samuel Eto'o maneja un Bentley, viste Príncipe de Gales, lleva bastón con empuñadura de marfil, esclava de diamantes y pasea un Golden Retriever por Kensigton, el barrio más caro de Londres. La trayectoria de Eto'o, Leganes, Madrid, Mallorca, Barça, Inter, Aznhi y Chelsea, representa perfectamente la colonización que el futbol ha hecho de África. Una nueva forma de dominio sin ambiciones territoriales que aprovecha los espejismos reflejados por el juego, todos los niños quieren escapar como Samuel Eto'o. Premier, Serie A, Bundesliga, Ligue 1 o Liga, rastrean cada año al nuevo futbolista descalzo que a costo cero, deje con el tiempo kilos de euros en sus canteras. Europa olvidó pelear por minerales en África, ahora vende jugadores. Los pule, domestica y convierte en material de exportación. Del viejo Samuel, más gentleman que nativo queda muy poca Camerún. Siempre anárquico Eto'o ha mantenido un pulso civil con su selección nacional y cualquier reglamento que le impida gozar de privilegios dentro y fuera del campo cuando juega para ella. Un constante complot frente a entrenadores, compañeros y dirigentes como el de Eto'o, hace de las africanas selecciones insurgentes, con vestuarios permanentemente amotinados y luchas entre tribus. Desde Roger Milla no ha existido un equipo africano tan unido alrededor de un futbolista, Milla, un anciano pionero, fue el patriarca que Eto'o nunca ha querido ser. Sus tres goles ayer, frente al impersonal United de Moyes, nos recuerdan que México va enfrentarlo en el Mundial. La Selección puede ganarle a Camerún, pero perder contra Eto'o. Así se explica la promesa inconclusa del futbol africano en los mundiales. Lleno de talentos, brujos, guerrilleros y futbolistas indomables.

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