Cartas oceánicas

El viejo Madrid de Isco, el nuevo Barça de Iniesta

Hace unas semanas Isco cabalgaba a lomos del poderoso Real Madrid, una bestia que lo mismo hunde que impulsa. Necesitado de un jugador bandera, que además de madridista fuera español, Isco se volvió el hombre de moda en el mercado y Andrés Iniesta, la estampa intercambiable del Panini: un recuerdo. En este futbol dominado por la prisa y la ocupación, antes que por la paciencia y la madurez con que Iniesta domesticó el tiempo, se publican jugadores de época todas las jornadas. Con esa ligereza el futbol y sus perseguidores propusieron a Isco, un futbolista sutil, como el sustituto de Don Andrés, un futbolista legendario. Tan pronto se organizó este debate el Madrid perdió fuelle y liderato. Todo el peso de la opinión cayó sobre Isco. Se quedó solo. La misma soledad que sufrió Iniesta durante las titubeantes jornadas del Barça. Isco no era el nuevo Iniesta cuando el Madrid iba líder, ni Iniesta era un recuerdo cuando el Barça iba a remolque. El problema es lanzar un muchacho con 22 años y tanto futuro, a una batalla pública contra tantos y tan buenos recuerdos. Iniesta sigue vigente porque gobierna al tiempo. Como era Xavi y para mí sigue siendo, un jugador que conquista el espacio. Un segundo de Iniesta con la pelota es mucho tiempo: arrulla momentos, atrae rivales, desmarca compañeros, despierta instintos, levanta tribunales y se clava en la memoria. Un segundo de Iniesta modifica el tiempo. Todas sus grandes jugadas están hechas de un segundo. Un segundo de Iniesta va contra corriente, crea un movimiento. La lucha de Isco entonces, no debe ser contra Iniesta, sino contra el tiempo y en este futbol de amnesia galopante: semanas, días, horas; persiste el olvido. No hay tiempo, apenas queda espacio. 

 

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