Cartas oceánicas

El verdadero peso de la camiseta

El 24 de marzo de 1973 el Eintracht Braunschweig y el Schalke 04 empatan a un gol en la jornada 26 de la Bundesliga. El resultado entre dos equipos que peleaban la permanencia, permite al Schalke sobrevivir. Ocho fechas después el Braunschweig desciende, pero cambia la historia del futbol: aquella tarde se convierte en el primer equipo que cobra por estampar en su camiseta un patrocinio oficial. Günter Mast, dueño de la bebida Jägermeister, consigue dos hitos fundamentales: promueve una revolucionaria vía de ingreso en los clubes y posiciona al antiguo licor de hierbas, popular entre los mayores, como una bebida innovadora entre los jóvenes. El éxito del patrocinio provoca que otros clubes alemanes se lancen al mercado la siguiente temporada. La Bundesliga intenta impedir el patrocinio de camisetas, que hasta entonces solo permitía estampar la marca del fabricante, pero fracasa cuando Adidas decide duplicar el tamaño de su logotipo en el uniforme del Bayern Múnich. Cuatro años más tarde el Liverpool, a quien uniformaba la marca Umbro, firma el primer gran acuerdo de patrocinio por una camiseta: la empresa japonesa Hitachi que pagó al club cincuenta mil libras al año, multiplica su venta de aparatos electrónicos en Reino Unido y reposiciona su imagen en el mercado asiático. A partir de aquí, el valor de las camisetas se ha incrementado cada año. El precio de un patrocinio se consolida como la principal variable para medir el mercado del futbol. Ayer, el Barça que ganó 4 Champions en 10 años, renovó un acuerdo anual por 35 millones de euros con Qatar Airways; muy lejos de los 65 que Chevrolet paga al United, ganador de una Champions en el mismo periodo. La camiseta pesa más en el mercado que en el campo.   

josefgq@gmail.com