Cartas oceánicas

El viejo que llevará un relámpago dentro

Los Campeonatos Mundiales de Atletismo inaugurados hoy por la mañana en el Olímpico de Londres, cerrarán otra de las carreras que el deporte logró ganarle al tiempo: Usain Bolt recibirá el fin de semana un certificado que acredita su milagro, oficialmente será inmortal. Correrá por última vez los 100 metros libres y el relevo 4x100; no competirá en los 200, su prueba más querida. A partir de ahora, Bolt entra en una dimensión en la que muy pocos atletas tienen derechos. Cruzando la línea de meta se convertirá en una descarga fotográfica, un archivo de video: el hombre más rápido en la historia de la humanidad viajará en el tiempo a través de múltiples generaciones que seguirán disfrutándolo y mencionando su nombre cuando ninguno de los que pudimos verlo en vivo, sigamos aquí. Bolt, como Jordan, Ali, Pelé o Michael Phelps, sostuvo durante su trayectoria deportiva un mano a mano con ese elemento inaplazable que acaba con nosotros de manera implacable. Lo venció tantas veces, lo dominó de tal forma, que el tiempo terminó deteniéndose: 9.58 segundos en 100 metros y 19.19 segundos en 200; dos momentos que van a durar una eternidad. En ellos vivirá el joven atleta, con esa silueta espigada, relampagueante y enérgica, esperando que la naturaleza pacte con su vejez una muerte común. Las próximas horas en la vida de Usain Bolt son los últimos pedazos que nos quedan para mirarlo como deportista. Cuando una figura de esta magnitud se retira, queda en el mundo una especie de duelo, que por lo general, el deporte supera; contra Bolt, no tenemos consuelo. Mañana perderemos al representante de una era que dejó profundas marcas en nuestra vida. Dentro de unos años este hombre descansará en paz, el relámpago bajo la piel del viejo, jamás.

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