Cartas oceánicas

Universitarios, profesionales, poetas y locos

El deporte mexicano no ha encarado reto más poético que lanzar una Liga de Futbol Americano profesional en México. La LFA que arranca su segunda temporada, es una locura, pero, qué sería del deporte sin poetas y locos.

Cualquier iniciativa que fomente la participación y adhesión alrededor de una actividad deportiva debe ser bienvenida, y por lo menos, escuchada, no debe ser fácil para sus fundadores asumir el riesgo, imagino que su labor, al margen de la inversión inicial necesaria, es tan personal como el sueño de consolidarla.

En esa reflexión pionera, insisto, tan personal, hay dos preguntas que el mercado debe responder con fuerza para saber si la LFA tiene futuro: ¿esta iniciativa atiende a la ilusión de ex futbolistas universitarios que pretenden continuar jugando organizadamente? O ¿en realidad hay lugar y afición para una Liga profesional que por su naturaleza, requiere capital y por lo tanto, ofrecer un retorno a sus patrocinadores, medios e inversionistas?

No hay mejor respuesta que el intento, el mercado del deporte profesional es tan cruel como el del acero, el carbón o la madera. Oferta y demanda; una ley inobjetable.

La LFA nace en una época donde el demandado futbol soccer, arrasador en cuota de mercado, busca la manera de abrir nueva vías de ingreso, el tradicional beisbol mexicano se fractura, y la Liga Nacional de Baloncesto Profesional, lucha por mantener sus plazas.

La quijotesca Liga carga un antecedente aún más sombrío, el futbol universitario en México, de noble y arraigada afición, no ha podido superar en época de redes sociales, a su legendario pasado de épocas en blanco y negro; a su favor, juega la familiaridad del deporte: tiene un núcleo social, y mientras exista, hay posibilidad de vida.

josefgq@gmail.com