Cartas oceánicas

El triunfo de una cultura

Hay clubes que no logran convertirse en patrimonio social de sus capitales, entretienen ciudadanos a través del tiempo, cumplen con una función de distracción, pero nunca forman parte de su cultura, carecen de identidad. El mayor grado de identificación que alcanza un equipo llega cuando su organización, cuerpo técnico y jugadores, son conscientes de formar parte activa de una sociedad. Esta conciencia social no es muy común en el futbol. Se da en Inglaterra, los clubes y la propia Premier la tienen muy asumida aprovechando su empuje para apoyar el desarrollo de sus comunidades; también en Alemania, donde la mayoría de los equipos nacieron con una marcada personalidad industrial, lo que les vuelve organizaciones orientadas al trabajo y la vergüenza obrera. Hay menos compromiso en Italia y España, Juve y Barça son casos aislados, uno por denominación y el otro por su razón social, cumplen papeles muy bien definidos dentro del entramado colectivo. Por eso el caso de Tigres y Rayados es tan valioso para el futbol mexicano, son una auténtica prueba de representatividad: sus seguidores sienten la misma pasión por la ciudad donde nacieron, que por los equipos que la uniforman. Durante décadas, la ciudad de Monterrey ha encontrado en sus equipos representativos una poderosa herramienta de vinculación cultural. Los aficionados de uno y otro lado llenan cada año sus estadios en apoyo a sus colores, pero sobre todo, acuden al estadio para sentirse regios de verdad. La cultura regiomontana fundada en el esfuerzo, el trabajo y la solidaridad; sin importar las condiciones, es uno de los grandes tesoros sociales, humanos y económicos de nuestro país. No es el dinero, es su cultura, la que hace de Tigres y Rayados un ejemplo de identidad. 

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