Cartas oceánicas

Treinta años con Maradona y Messi

La historia de Argentina en los últimos treinta años se resume en dos palabras: Maradona y Messi. A lo largo de este tiempo los argentinos rodearon a sus grandes genios de estupendos jugadores, la lista es interminable: arranca con Valdano y Burruchaga; continúa con Caniggia, Simeone, Redondo o Batistuta; y sigue hasta Tévez, Agüero y Di María. Siempre se dijo que Argentina montaba cuadros en relación al Diez, provoca curiosidad imaginar qué pasaría con la selección argentina si en algún momento, no tuviera al mejor futbolista del mundo. No es sencillo jugar a otra cosa cuando el de adelante es el número uno. Pero entre el retiro de Maradona en 1994 contra Nigeria, y el debut de Messi en 2005 ante Hungría, pasaron 11 años y Argentina no dio un paso al frente como líder del futbol mundial, su aportación fue personal: Maradona antes y Messi después. No hubo señales, el futbol argentino se quedó en España y Alemania. El problema es que Maradona perteneció a los argentinos y parece que Messi le pertenece al resto de mundo, que lo señala culpable. Antes del Gol del Siglo y La Mano de Dios, el futbol conocía todas las respuestas, llegó Maradona y cambió las preguntas. Pocos goles tuvieron tantos efectos secundarios: Hoddle, Reid, Sansom, Butcher, Fenwick y Shilton, quedaron marcados; se habló de Dios; Argentina recuperó durante 90 minutos las Malvinas; FIFA enfrentó un caudillo; Maradona distorsionó los esquemas del superhombre, exorcizó a Clark Kent: un tipo bajito, cebado, irregular, con la frente marchita y la boina del Che, era el verdadero Superman. Esa fue la historia que el mundo quería ver repetida en Messi. No se trataba de Argentina levantando la Copa, se trataba de Messi levantando Argentina con Maradona dentro.  

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