Cartas oceánicas

La tragedia es un clásico

Pocos clásicos como el del sábado 2 de abril fueron tan menospreciados por la prensa. Aquí mismo, dimos cuenta de una campaña que de cara a la fase decisiva cobraba matices históricos: Copa, Liga y Champions, consecutivas, parecían al alcance de un equipo que en los últimos meses no encontraba rival. El partido arrancó con una diferencia de 10 puntos sobre Real Madrid y una espectacular racha de 39 juegos sin perder. Con el espíritu de Cruyff, recién fallecido, la tarde era una invitación para dejar el título de Liga como ofrenda. Los primeros minutos transcurrieron entre la distracción por el homenaje y dos cuadros conscientes de que lo mejor era mirar hacia otro lado. Decidieron mirar para adelante. El Madrid de Zidane no tenía planeado sacudir el calendario y el Barça de Luis Enrique, coincidía en llegar bien oxigenado a los cuartos de final de Champions vs el Atlético de Madrid. Jugados 55 minutos marcó Piqué. Fue un cabezazo seco, típico de un partido sordo. En ese momento la diferencia con el Real Madrid estaba alcanzando una cifra cruel: 13 puntos. Nadie imaginaba entonces, que a partir de ese maldito gol, el Barça se enfrentaría a un escenario macabro. Benzema empató el juego al 61’ y Cristiano Ronaldo lo remató al 84’. Con Cruyff en el ambiente, el líder perdía un clásico durante una noche prohibida. Al terminar el juego, Piqué lanzó una advertencia: “no podemos caernos ahora”; nadie lo tomó en cuenta. La derrota en el clásico dejó muy herido a un equipo que se sintió invencible. Semanas después fue eliminado de Champions, empata con el Atlético en 76 puntos y tiene al Real Madrid uno por detrás en la Liga. El Barça había olvidado que su mayor rival siempre será el Real Madrid: la tragedia es un clásico.  

 

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