Cartas oceánicas

La tormenta perfecta

Michael Phleps y Usain Bolt se cruzarán este fin de semana en el ecuador de los Juegos, cuando el nadador busque la última medalla de su vida, el relevo 4 x 100 combinados, y el corredor arranque las series de los 100 metros planos. Será la última vez que podamos observar este fenómeno, Phelps y Bolt compitiendo la misma noche: es la tormenta perfecta. Ambos dominaron el clima de los últimos tres ciclos: provocaron mareas, levantaron vientos y detuvieron el tiempo. Su estallido en el mundo del deporte fue clave para revolucionar el movimiento olímpico en momentos de terrible oscuridad. La natación y el atletismo sufrieron durante su época la peor crisis de credibilidad que se recuerde. El escándalo de los trajes de poliuretano, el incremento de las sustancias prohibidas o el dopaje de estado, dejaron muy tocados a dos de los tres principales elementos del olimpismo: agua y tierra; se salvó el fuego. Michael Phelps y Usain Bolt, que construyeron su leyenda compitiendo con limpieza en medio de pantanos, superaron con enorme diferencia a todo tipo de rivales, incluso a aquellos disfrazados de fantasmas. En el ocaso de sus carreras podemos calcular su aportación histórica sumando medalla tras medalla, una fortuna en oro; sin embargo dejan un legado todavía más importante: cuando parecía que la natación se hundía y el atletismo se detenía, el nadador y el corredor mantuvieron vivos sus deportes. Phelps se despide en las próximas horas con una participación brillante, mientras Bolt empieza sus últimas carreras enfrentando a una nueva y desafiante hilera de velocistas estadunidenses: el joven Trayvon Bromell (9.84) en 100 y LaShawn Merritt (19.74) en los 200, intentarán detenerlo: la tormenta no ha terminado.

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