Cartas oceánicas

Polvo de ladrillo

Marzo de 1986, de aquella arcilla del Club Alemán donde el equipo mexicano Copa Davis levantaba enormes polvaredas, queda eso, polvo. Leonardo Lavalle en singles y dobles con Pérez Pascal, y Francisco Maciel como segundo singlista, derrotaban a la poderosa Alemania de Becker, que a pesar de ganar sus dos matchs a Lavalle y Maciel, no puede contener junto a Westphal a los doblistas mexicanos, entonces, de los mejores del mundo. Michael Westphal, que había caído en el primer partido de la serie frente a Maciel, perdió también el último punto vs. Lavalle, y México, eliminaba en octavos de final (primera ronda), a los alemanes de la Copa Davis. A meses del Mundial de Futbol, parecía que el tenis mexicano cobraba un protagonismo nacional. El mismo año el equipo Copa Davis llega hasta los cuartos de final del torneo. Pero los norteamericanos con una pareja legendaria de doblistas: Ken Flach y Robert Seguso, y dos singlistas secundarios: Brad Gilbert y Tim Mayotte, echan a México en el Palacio de los Deportes. Al año siguiente, México con Lavalle y Lozano, elimina al Reino Unido y regresa a los cuartos de final cayendo en Brisbane frente a la Australia de Wally Masur y Pat Cash. Un año después, 1988, Australia vuelve a derrotar a México, ahora en primera ronda con Pat Cash y John Fitzgerald en el Club Alemán. Es el último rastro que tenemos del buen tenis mexicano, que a pesar de todo, se mantiene vigente en nuestro país gracias a la brillante organización del Abierto Mexicano en Acapulco, gozando de un espacio privilegiado en los medios. Con mayor protagonismo mexicano en la tribuna que sobre la pista, nuestro Abierto es un sitio para hacer negocios, ser retratado por los suplementos sociales y formar parte activa del jet set.  

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