Cartas oceánicas

El técnico cobarde del jugador valiente

A David Moyes, un técnico comprometido que estaba haciendo una singular carrera en el Everton, lo devoró un gigante: cuando llegó al United se cagó. Entre la sombra de Alex Ferguson y el espíritu del Old Trafford, su prometedora trayectoria quedó reducida a la figura de un celador. Poco volvió a saberse de aquel escocés metódico y reservado que fue elegido por Sir Alex para relevarlo en el trono. Porque Ferguson no renunció, abdicó; y aquella pesada herencia que representó más de un cuarto de siglo del legendario United, cayó como un imperio sobre los delgados hombros de Moyes. Duró menos de un año, Manchester lo expulsó con una franqueza extraordinaria sustituyéndolo por un héroe como Ryan Giggs. A partir de ahí, vagabundeó en España por la clase media de la tabla con la Real Sociedad, y descendió al Sunderland una categoría sin ningún pudor. Durante su breve etapa en Manchester y San Sebastián, dirigió a los dos mejores futbolistas que México tenía en Europa: demostró cierta simpatía por Carlos Vela, pero fingía demencia cuando le mencionaban al Chicharito. Moyes siempre dejó claro que para él, Hernández era un suplente de suplentes: detrás de Rooney y Van Persie estaba Welbeck, y muy al fondo, Chicharito. Cuando se fueron del United lo hicieron por distintas puertas, Moyes huyó de noche sin que nadie lo viera; y Hernández fue escoltado con honores hasta la salida. Javier tuvo la personalidad para luchar en el Real Madrid y jugar con mucha dignidad en el Bayer; el entrenador en cambio, lo perdió todo, hasta el honor. Reencontrarse en el West Ham fue un error. Por segunda vez en su carrera Hernández ha sido relegado por Moyes. El futbol a veces tiene estas cosas, un técnico cobarde no puede dirigir a un jugador valiente.

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