Cartas oceánicas

Osorio: pacto con el diablo

Juan Carlos Osorio, o cualquiera que ocupe el puesto de entrenador nacional, sabe, y esto consta en el contrato, que su sueldo lo pagan Televisa y Tv Azteca. El técnico, igual que el presidente, el director de selecciones, el secretario general o los jugadores, pertenecen al sindicato de televisión: México es la única selección del mundo explotada comercialmente y administrada políticamente por medios de comunicación. Este maquiavélico modelo la convierte en herramienta de negociación: si la selección es utilizada para conectar con el estado de ánimo de su población, alguien tiene que aprovechar esa influencia social. El negocio del famoso Tri va más allá de la célebre derrama económica que generan sus interminables amistosos y partidos oficiales. Ser dueño de la selección permite dominar la sensibilidad de un país necesitado de triunfos; frente a un gobierno que, por lo general, requiere un equipo de ciudadanos disfrazados de bandera que consuele sus errores. El gran problema de la selección es que sus promotores necesitan que sea un eje oficial y notorio, capaz de dar la cara por México. Ningún jugador o técnico pueden asumir tal responsabilidad: ser un equipo deportivo cargando el ánimo de un país. Pero a eso les obligan Televisa y TV Azteca: a fingir heroísmo, ganar lo que no pueden y representar lo que nuestros políticos no aguantan. Esta novela mal contada por comentaristas en nómina, insiste en convencernos que el Tri, es el equipo de todos. Mentira. La selección pertenece a Televisa y Tv Azteca. Bajo este sistema, ratificar a Osorio es prudente. Al margen de su polémico estilo para dirigir, es el único que se atrevió a firmar este documento demoníaco. Pocos técnicos aceptarían un pacto con el diablo.

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