Cartas oceánicas

Shakespeare

La breve historia de Claudio Ranieri en Leicester es al mismo tiempo, una de las más grandes del centenario futbol inglés: las dimensiones del juego siguen siendo difíciles de medir, lo que dura poco puede vivir cien años y hay veces que un año se vuelve eterno. Dirigió 81 partidos, ganó 36, perdió 24, y convirtió al Leicester en hit del romanticismo deportivo: un Best Seller del futbol mundial. Destituido ayer tras conseguir un aceptable resultado en la ida de octavos de Champions, 2-1 en el campo del Sevilla, deja al milagroso Club a un punto del descenso en su Isla. Sería una tragedia bíblica: "desciende el campeón de la Premier League". El caso Ranieri confirma que hay dos fórmulas para trascender: los equipos de futbol se vuelven ángeles ganando títulos, o jugando al fútbol como los ángeles. En ambos casos es imposible olvidarlos. La historia dice que cumplir con los dos requisitos estuvo al alcance de muy pocos, todos sabemos quiénes son: Brasil en México 70, el Milán de principios de los noventa y el Barça y la selección española de la última década. El singular pergamino que hereda el Leicester pertenece a otro catálogo de equipos: los que se volvieron inolvidables a pesar de no jugar a nada. El cuadro de Ranieri jamás dominó un estilo, inventó un sistema, revolucionó el juego o marcó tendencia. Aprovechó un hoyo negro en el universo de la Premier League y salió campeón: fantasía. Ahí dejamos esa historia bien escrita por Ranieri, a quien algún día levantarán una estatua en un parque, y que hoy, por cosas que tiene el futbol y sobre todo el futbol inglés, queda en manos de un tal Shakespeare. A partir de esta mañana al campeón inglés lo dirige Craig Shakespeare, desconocido para la literatura inglesa.

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