Cartas oceánicas

El técnico que nunca se irá

Con 31 años, Sean McVay es el entrenador más joven en la historia de la NFL. La moderna imagen de McVay, que empieza su trayectoria como head coach de Los Ángeles Rams las próximas semanas, contrasta con la engargolada silueta de Arsene Wenger (67): economista, hombre de acento delicado, traje gris oxford, aburrida corbata marrón, sedoso pañuelo en la solapa, elegante gabardina en mano, portafolio de cocodrilo y zapatos de cordón. Entre el sureño McVay, nacido en Georgia, y el solemne Wenger, Excelentísimo Caballero de la Orden del Imperio Británico, nacido en Estrasburgo, existe una persona en común: Stan Kroenke (70). Dueño del Arsenal y Los Ángeles Rams, Kroenke también telefonea cada semana a Michael Malone (46), head coach de los Nuggets de Denver en la NBA desde 2015; y a Jared Bednar (45), head coach de la Avalancha de Colorado en la NHL desde 2016. Hace unos días, Kroenke despidió a Pablo Mastroeni (40), entrenador del Colorado Rapids, su franquicia en la MLS. Mastroeni había estado vinculado de alguna forma a la institución por 15 años. De todos los entrenadores que forman parte del emporio Kroenke Sports, Wenger es el único que mantiene cierta afinidad con el dueño de la compañía. Hombres de la misma generación, comparten una forma de ver el negocio de los clubes deportivos. Nadie se explica cómo el Arsenal, que ayer cayó 4-0 en Anfield y marcha en los últimos lugares del campeonato, mantenga desde hace 21 años al mismo entrenador. Pero Kroenke mira en Wenger la figura de un honesto, experimentado y leal vicepresidente de su compañía, y no la del técnico de fútbol al que prensa y afición juzgamos. Su influencia y sabiduría, quizá sean más importantes en el consejo de administración, que en el campo de futbol. 

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