Cartas oceánicas

Santiago Bernabéu de Messi

Al minuto 92 de partido el árbitro amonesta a Messi; acaba marcar su vigésimo tercer gol en un clásico y está celebrándolo con la camiseta colgada de las manos: otra imagen para la historia, como muchas que ha dejado. La de ayer entra en la colección privada del mejor jugador del mundo. Ningún jugador hizo tanto daño a un equipo como Messi al Real Madrid. Todos sus goles en este enfrentamiento han tenido un triple significado: suman puntos, arrebatan títulos y alimentan la estadística personal de un futbolista inigualable. Su historia no habría sido la misma sin un rival al cual domesticar. Eso es lo que ha hecho Messi con el Madrid, lo domesticó a lo largo de su carrera haciendo del Bernabéu el patio de su casa. No es fácil meterse en las entrañas de ese estadio vistiendo la camiseta del Barcelona, el argentino lo consiguió en Champions, en Ligas, y en una serie de partidos memorables como el de ayer, donde la camiseta con el número diez se convertía en un emblema de la derrota. Jamás tendrá una estatua en Chamartín, solo eso faltaba, pero su apellido estará ligado al de ese estadio para siempre: Santiago Bernabéu de Messi. De los 23 goles que lleva marcados en el clásico, 14 los hizo allí, 2 de ellos en una semifinal de Champions. Una muestra de lo decisivo que debe resultar un jugador que está empezando a ser aceptado como el mejor de todos los tiempos. Esa posición que ocupará muy pronto en la historia del futbol, no sería posible sin la obstinada oposición del madridismo. Sin proponérselo, Real Madrid consiguió hacer de Messi el futbolista perfecto. A Messi, la vida le dio la oportunidad de jugar para un equipo inolvidable y enfrentar al otro de la época, su carera, pertenece tanto al Camp Nou como al Santiago Bernabéu. 

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