Cartas oceánicas

El rico que quería ser viejo

Cuando Roman Abramovich compra el Chelsea en 2003, nadie distinguía si el oligarca ruso estaba adquiriendo un pasaporte británico para sus negocios en el resto de Europa; o si el endeudado Club vendía su privilegiada posición social entre las familias del centro de Londres a un hombre criado en la ribera del Volga. Tiempo después comprobamos que Abramovich ofrecía un pedigrí al olvidado Chelsea, convirtiéndolo en el nuevo rico del futbol mundial. Durante años, el Chelsea derrochó millones, retorció el mercado y modificó los valores de la Premier causando un efecto dominó en todas las ligas profesionales de futbol. El alhajero de Stamford Bridge buscó por todos los medios hacer de su equipo una institución vieja, honorable y grande; pero los clubes de abolengo europeo como Real Madrid, Milán, United, Bayern, Juve, Ajax y Barça; lo veían como un corriente magnate que pujaba por historia en Christie’s. Hasta que en 2012, tras muchas excentricidades, al Chelsea le llegó la normalidad. Roberto Di Matteo, entrenador nacido de un interinato y que había tenido una discreta carrera como jugador, lo convierte en Campeón de Europa por primera vez en su historia: fue como dejar al poderoso Chelsea en manos del conserje. Abramovich, que había derrochado 1500 millones de libras en alcanzar la europeización, encuentra el respeto mundial con el equipo más barato de todos. Temporadas más tarde son los capitales árabes quienes hacen ver pequeño el proyecto de Abramovich reencarnando en el PSG. Con un equipo fundado en los setentas, sin abuelos, ni herederos, y que toma el nombre de París como reclamo universal, los qataríes del 2022 inician esta semana ante Real Madrid el desafío para el que compraron al PSG: ganarse el respeto de occidente. 

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