Cartas oceánicas

Tiempo a favor

Con 35 años, Federer impuso otro límite a las nuevas generaciones de atletas y aficionados. Su octavo título de Wimbledon obliga a reconsiderar la idea del retiro a una buena lista de ídolos, a quienes la injusta costumbre de buscarles sustitutos todos los días les relega al cuartel de veteranos. El último registro del tenista llena de esperanza a los cinco dioses de su tiempo: Usain Bolt 31 años, Michael Phelps 32, Lionel Messi 29, Cristiano Ronaldo 32 y LeBron James 32; todos ellos señalados por el calendario lunar como astros en decadencia. La barrera de Federer impide diseñar figuras de polipropileno para distribuir en serie a través de las redes sociales. Los ciclos del deporte, marcados por los Juegos Olímpicos y el Mundial, establecieron en Brasil 2014 y Río 2016, que ya habíamos disfrutado la mejor versión de los héroes de nuestro tiempo. No es lo mismo un tenista que un velocista, ni un futbolista que un nadador, pero la tendencia que patentó Wimbledon 2017, advierte que las épocas del despliegue físico y la tiranía muscular, terminarán. La pericia y experiencia en la cancha, son virtudes que en la práctica demuestran que mientras más viejo sea un atleta, mejor. Nunca olvidaré la primera vez que mi abuelo, al sonoro rugir de un transistor, me contó del futbolista que le había maravillado: Puskas, se llamaba, aquel gordo tardío que había llegado a España para firmar por el Real Madrid con 31 años de edad. La madurez del portentoso delantero, no le impidió ganar 4 títulos de goleo, tres Copas de Europa, 5 Ligas y 1 Copa Intercontinental. Puskas se fue del Real Madrid con 39 años y un costal de triunfos inalcanzables para la mayoría de los jóvenes futbolistas de nuestra época. El tiempo, no siempre juega en contra.  

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