Cartas oceánicas

Rodilla en tierra

Los equipos colegiales siguen siendo los mejores intérpretes que tiene el deporte para entender sus valores. Combinar la carrera universitaria con la deportiva demanda un enorme sacrificio, voluntad y disciplina, que con el paso del tiempo, terminan tallando el carácter de profesionistas ejemplares o magníficos atletas. Sin embargo, la combinación académico-deportiva, y las instituciones que apuestan por este tipo de programas, son escasas fuera de Estados Unidos. Incluso los europeos, a pesar de contar con sólidos sistemas sociales que llevan como eje el desarrollo deportivo, están muy lejos. Queda cierta herencia de ello en los rancios colegios ingleses, cuyos equipos representativos continúan defendiendo las viejas causas del deporte amateur. Permanecen, como un sobrio sendero, un roble que protege el atrio, o una corriente que mueve el río; los característicos "Teams" británicos universitarios de corredores de fondo con camiseta de algodón; los rugbiers con suéter de botón; y los remeros de saco y bastón; son libros abiertos. Pero ninguno como los estadunidenses para ejecutar programas deportivos estudiantiles y además convertirlos en sucesos de convocatoria nacional. Esta semana disfrutamos uno de los grandes eventos del año que empieza: Alabama y Clemson, dos universidades de profunda raigambre sureña, volvieron a enfrentarse en plena post temporada de la NFL alcanzando, otra vez, potentes índices de audiencia. El partido que definía el campeonato nacional, gozó de todas las historias posibles para convertirse en trama: una marca, una revancha, un coach inquebrantable, tres volteretas, un último minuto, un último segundo, un puñado de estudiantes y dos dinastías. El resultado, una imagen final: rodilla en tierra.