Cartas oceánicas

Gigantes

Cuando el deporte vence al tiempo es historia, en tan solo dos horas el basquetbol recopiló dos capítulos de las últimas dos décadas: disecó una de sus grandes bestias y marcó el lomo de otro feroz jugador. El retiro de Kobe Bryant y la coronación de Stephen Curry, confirman la entereza de una Liga que ha sabido depender de los grandes hombres. No hay nada más importante para la NBA que sus gigantes. Organizada en torno a ellos desde su fundación, el secreto ha consistido en colonizar el vasto territorio estadunidense sembrando robles por cada estado. La enorme sombra del basquetbolista ha cobijado generaciones de aficionados que asisten al universo de un deporte techado. Las raíces de la NBA se abrieron paso por arenas, se apoderaron de ciudades y atravesaron países. En ese viaje por el ancho mundo del deporte, consiguió adhesión a partir de ilustres apellidos antes que de millonarias franquicias. Entonces se crearon dinastías. Los equipos profesionales de basquetbol llegaron a los hogares de millones de familias como la mía presentándose como personas: somos, decían, los Sixers de Chamberlain y Julius Erving; los Celtics de Bill Russel y Larry Bird; los Lakers de Elgin Baylor, Jerry West, Magic Johnson y Kareem Abdul-Jabbar; los Toros de Michael Jordan; los Knicks de Pat Ewing; el Jazz de Karl Malone; los Pistones de Isiah Thomas; los Blazers de Clyde Drexler; los Soles de Charles Barkley o los Spurs de David Robinson. Al basquetbol profesional no le hizo falta otra cosa para triunfar que darle el balón a gente grande. El último en llegar ha sido Curry y el último en irse Kobe Bryant. El traspaso de poderes en la NBA apenas necesitó una noche para mantener la mejor de sus tradiciones: inmortalidad.

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