Cartas oceánicas

El retiro del hincha

Existen pocos clubes con el pellejo del Liverpool, existen menos jugadores aún, capaces de encarnarse en club. Steven Gerrard era uno de ellos, el futbolista que vivía dentro de Anfield Road. Nada en su intachable trayectoria, proyectó algo que estuviera por debajo o por encima de la institución a la que representó. Su carrera, y probablemente su vida, fue un constante sacrificio: durante 19 años Gerrard se comportó como si fuera el Liverpool, renunciando a su personalidad y asumiendo la del club. Hablaba, pensaba y caminaba como el club. Más que un capitán, era un transmisor. Trascendió. Porque ningún equipo en el mundo significa tantas cosas como el Liverpool: su nombre es un punto en el tiempo, su ciudad un destino, su barrio una familia, su estadio un cuento de hadas, su himno una canción, sus derrotas un honor, sus triunfos una cultura, sus muertos una civilización enterrada, sus vivos una reivindicación, su fanaticada un jugador, cada jugador un fanático y sus ídolos gente normal. Al Liverpool se le sigue por nacimiento, código postal, herencia, independencia o revolución; su afición posee los principios de un pueblo. Todas las causas de adhesión a lo largo de su historia, explican cualquier sentimiento simbolizado por Steven Gerrard. Un futbolista nativo, criado en la vecindad de un equipo. La entraña del líder, puede verse en el costillar de Anfield: un hueco enorme. Su retiro definitivo será uno de los más llorados porque interpretó el sueño de cualquier aficionado: jugar para el equipo de la ciudad donde naciste, en el caso de Gerrard, para el equipo del barrio donde nació. La historia dirá que se ha ido un gran jugador, le realidad es que se ha retirado el hincha más grande en la historia del legendario Liverpool.

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