Cartas oceánicas

La resistencia de los dioses

Madrid, martes y miércoles quince minutos antes de las nueve. Separados por siete vidas los barrios de Chamartín y el Pilar se vuelven la capital del futbol mundial. Dos semifinales de Champions la misma semana es un lujo que pocas ciudades pueden darse. Entre el Calderón y el Bernabéu hay mucha diferencia, el rojiblanco mira para adentro, es un estadio metropolitano en constante obra negra, necesita albañilería, plomería, pintura y alguien que se encargue del hollín que lo oscurece porque sigue pareciendo una vieja fábrica de hormigón. El Calderón no sale en la guía turística mientras el vecino, recibe casi dos millones de visitantes al año que recorren sus salones alfombrados, galerías de cristal, tiendas, restaurantes y vitrinas de oro y plata. El Bernabéu mira para afuera. El Atlético es de Madrid y el Madrid, del mundo. Bayern y Chelsea, ilustres pasajeros, necesitan un plan para salir de aquí. El madrileño recuerda bien a Guardiola y Mourinho que por distintas razones, traen malas sensaciones a la ciudad. Uno fue el azote, el otro una plaga. Ambos conocen todas las rutas de evacuación. Saben que Europa empieza en Madrid y si logran derribar sus fortalezas, habrán invadido el corazón de la ciudad. Ganar en el Calderón, ganar en el Bernabéu, nadie lo ha conseguido en el torneo. Buscar un resultado, escapar con un empate, parece la forma más prudente de planear el viaje. De Mourinho no esperamos otra cosa, llegará en submarino al Manzanares. Pero Guardiola esconde algo para noches así. Con un discurso pasivo y tres partidos fantasma, logró convencer a todos que el Bayern viene a Madrid como víctima. Serán 24 horas entre Neptuno y Cibeles, la Champions pasa por la resistencia de los dioses.   

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