Cartas oceánicas

La reforma holandesa

Marco van Basten se ha propuesto cambiar el futbol mundial y la FIFA le ha hecho creer que puede lograrlo. Desde luego, nadie mejor para hacerlo que un ex futbolista holandés de gran categoría, tremenda imaginación en el campo de juego y un sentido artístico inigualable en la historia del futbol: Van Basten era una especie de Da Vinci, inventaba, interpretaba, pensaba, expresaba, comunicaba y pintaba. Aquel gol suyo a la Unión Soviética en la Eurocopa de Alemania 1988 sigue siendo uno de los más hermosos de todos los tiempos: todavía se mueve. Si Infantino de verdad confía en que el cambio de reglamentos estructurales del futbol, como la abolición del fuera de lugar, la división de las partes, las sanciones preventivas y definitivas, la desaparición de los penaltis, la contabilización de las faltas, el sistema de cambios o el aprovechamiento del tiempo, pueden llevarse a cabo, entonces eligió al hombre perfecto para encabezar esa revolución. El futbol holandés y la mayoría de sus grandes intérpretes, han sido por naturaleza y convicción, los principales reformistas del juego. El legado de Rinus Michels, la herencia del Ajax, la encarnación de Cruyff y la evolución del Barcelona que trascendió en Guardiola son una representación exacta de la influencia que los holandeses han tenido en este deporte. Mucho más importante que Brasil, un rebelde festivo, Holanda llevó al plano mental este juego que en los años setenta cambió de dimensión. Por qué no habría de ser Van Basten, uno de los ejes más expresivos de aquella dinastía, quien tenga la razón y las ideas para llevar el futbol a un nuevo lugar. Iluso, inútil, irreal, esto piensa el establishment del informe Van Basten; ya veremos, el cambio siempre ha venido de un holandés.

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