Cartas oceánicas

Real Madrid: la buena educación

Dos de Cristiano, uno de Casemiro y otro de Asensio, los goleadores de la final de Champions resumen con maestría tres valores fundamentales del Madrid de Zidane: liderazgo, sensatez y cantera. Alrededor de un entrenador sin libro de estilo, ni pizarrón, se amasó uno equipo de leyenda: dos Champions consecutivas no estuvieron al alcance de Guardiola, Mourinho, Ancelotti, Klopp o Simeome; sí de Zidane, el hombre prudente que devolvió al Madrid la buena educación. Hace tiempo que este gran equipo, acorralado por los millones y azotado por los tabloides, no disfrutaba la tranquilidad que ofrece tener la conciencia limpia. Durante un bochornoso periodo de su historia, que dedicó a menospreciar rivales, perseguir capitanes, denunciar arbitrajes e ignorar juveniles; sus bondades, las de un equipo bien nacido, cayeron en el vacío de un Club que se había autoproclamado el más rico del mundo, como si de ello dependiera su necesaria aristocracia. Para beneplácito de una mala parte de sus seguidores, nacidos en una época donde el Madrid había renunciado a sus más nobles principios: respeto, trabajo y caballerosidad, se volvió un equipo odioso. Legiones de “fans” aplaudían cualquier improperio salido de un Club que no supo asumir su derrota cuando el Barça dominó la tierra. Aquel Madrid ordinario llegó a señalar a Raúl, denunciar a Del Bosque o permitir que se atacara a jugadores como Andrés Iniesta. El triunfo de Zidane adquiere una alta estimación en los círculos más clásicos del viejo madridismo: más valioso que el doblete o las dos Copas de Europa, logró regresar a sus cabales a una institución querida en todo el mundo que se hizo grande por dos cosas: su sabiduría en la victoria y su honor en la derrota. El auténtico Madrid volvió. 

josefgq@gmail.com