Cartas oceánicas

El Club sin miedo

Por debajo de la piel del Real Madrid corren elementos únicos; sangre y sudor, fluidos típicos, vitales para cualquier deportista y equipo, no parecen ser los mismos cuando se trata de este Club. Como ninguno en la historia del juego, esto hay que reconocerlo, ha envasado un espíritu de lucha irrenunciable en el cuerpo de cada jugador: ahí está su sustancia. Analizado y comprobado por más de cien años de trayectoria, puede decirse que el Madrid tiene patentada una raza de futbolistas, determinante en momentos claves de cualquier competencia. La última eliminatoria de Champions League, edificada en la ciudad de Múnich y rematada en el Bernabéu, dan constancia de su capacidad para demostrar que sin importar el año, la generación o la propia evolución del juego, aquella sustancia que le da vida se conserva: por eso podemos decir que el Real Madrid es un Club conservador; continúa dominando a los rivales más temibles sabiendo que el más temible sigue siendo el Real Madrid. Esta condición de superioridad europea documentada con once títulos de campeón, le permiten no temerle a nadie, es el Club sin miedo. La sensación se transmite a una afición, que acostumbrada a las permanentes osadías de su equipo, la hacen parecer soberbia. Bien entendido el término, el Madrid es un Club soberbio, por majestuoso. El futbol moderno suele creer que el modernismo es necesario para reformar las estructuras de casi todo. Hay mucha moda en ello, la propia organización que preside Florentino Pérez a punto estuvo de caer en esa tentación. Sin ese conservadurismo en sus ideales, estilo y personalidad, sería imposible derrotar a equipos de la entereza del Bayern: un rival para la eternidad. Ayer, el Madrid de Zidane dio otro paso en su firme historia. 

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