Cartas oceánicas

El escudero

Los antiguos valores de Real Madrid, un club curado en la piel de héroes, sufrieron durante las últimas temporadas el desgaste del tiempo, no por viejos sino por modernos. Como pocos clubes en el mundo al Madrid le hizo daño el futuro. Dispuesto a perseguir al Barça de principios de nuestro siglo, jugaba a toda prisa, compraba a toda costa y vendía a cualquier precio pedazos de su historia. Fue perdiendo poco a poco sus recuerdos hasta convertirse en un equipo que parecía haber olvidado sus principios clásicos, los más valiosos: orgullo y honor. El orgullo y el honor dentro del futbol amparan muchas cosas, tocan todas las áreas de una institución y significan una forma de gestión; pero su máxima representación se alcanza cuando están encarnados en la camiseta de un jugador: la piel del héroe. De todos los futbolistas de Real Madrid Sergio Ramos merece todos los honores. Simboliza a la perfección el espíritu sobre el que fue fundado este club. Al Madrid de todas las generaciones jamás le había faltado un escudero, no importaba su posición en el campo. Atrás, adelante o por un costado, siempre jugaba un hombre que además de poner la pierna con empeño, estirar las manos con valentía y meter la cabeza con trapío, era capaz de levantar al equipo con un milagro: Bernabéu, Zamora, Di Stéfano, Amancio, Gento, Benito, Juanito, Santillana, Raúl, Casillas o Sergio Ramos. Los milagros en Real Madrid a lo largo de su historia han sido fenómenos naturales, no son cosa de la magia, suceden con una lógica sencilla: si juegas bajo este escudo cualquier cosa es posible. Esa sensación que en otros clubes tiene una explicación paranormal, escuderos como Ramos la definen con un método racional: último minuto, centro al área, cabezazo y gol. 

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