Cartas oceánicas

La última hoguera india

La serie Real Madrid vs Atlético de Madrid que inaugura mañana las semifinales de Champions, servirá para homenajear a un viejo fortín del Liga española, un estadio entrañable donde los haya: el Vicente Calderón funcionó durante 51 años como frontera del territorio indio. La historia entre colchoneros y merengues, indios y vikingos; merece un capítulo aparte dentro de las grandes rivalidades del futbol mundial. Encendido las últimas temporadas con dos finales de campeones de Europa, el derbi madrileño consiguió el reconocimiento de clásico internacional. Mucha culpa de ello tiene el viejo estadio a orillas del Manzanares, un campo ribereño que meció la identidad de un equipo al que Real Madrid estuvo a punto de arrinconar en un barrio de la capital. Pocos clubes han sido rescatados por su estadio, el Atlético es uno de ellos. Al borde de la quiebra y sin presencia en los grandes torneos que lanzan equipos al universo, los indios miraban el mundo encerrados en cuatro avenidas; parecían una tribu en extinción. Desde el Vicente Calderón, al que no llegaban los satélites, tampoco los grandes patrocinadores, y donde Velázquez o Goya cambiaban el pincel por el grafiti, el Atlético se rehízo encontrando aquello que lo hacía grande: la calle. Y como equipo callejero impulsado por su gente, recorrió un difícil camino hacia la modernidad. Los últimos 5 años lo han llevado al límite de la internacionalización, una condición sin romanticismo, al grado de tener que abandonar su querido estadio para mudarse a uno lujoso y funcional. Mañana cuando el Atlético salga al Bernabéu, deberá hacer espacio suficiente en la maleta para una gran victoria, esa victoria tendrá que rematarla en la vuelta, donde se prepara la última hoguera del Calderón. 

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