Cartas oceánicas

Raza de campeones

Los Juegos Olímpicos funcionan como un excelente parámetro para medir los índices de desarrollo de un país; contrario a lo que se piensa, el esfuerzo de los atletas no debe medirse en función de otros, sino de ellos mismos, esta competencia individual es por lo general más dura que la internacional.

Cuando el deportista pelea por sí mismo, con todas esas carencias estructurales y limitaciones oficiales, surgen héroes solitarios, muy comunes en naciones donde la actividad deportiva continúa mirándose como una táctica política, antes que una verdadera estrategia de desarrollo social.

México ha desaprovechado durante décadas el enorme instinto de superación y supervivencia de sus ciudadanos, pocos países como el nuestro poseen tantos millones de habitantes acostumbrados al sacrificio, la tolerancia, la lucha, la distancia, la desesperanza, la valentía, la solidaridad, la tensión y el tesón para vivir a diario: el mexicano es por naturaleza un atleta de la vida.

Esa interminable lista de obstáculos, usuales en la carrera de cualquier competidor, compone la raza de los grandes campeones mundiales. Las súper potencias del deporte, acostumbradas a programar entrenamientos y disciplinas que con el tiempo y la constancia arrojan deportistas ganadores, no tienen ni por asomo el umbral de sacrificio con el que nacen todos los días nuestros potenciales campeones.

México lleva años creyendo que el deporte es un show o una herramienta de comunicación, el día que comprenda que forma parte de la esforzada vida diaria de sus ciudadanos, se convertirá en un auténtico patrimonio
cultural.

El México de Río 2016 compite contra el México de Londres 2012: los Juegos Olímpicos nos enfrentan.

josefgq@gmail.com