Cartas oceánicas

El quinto metatarsiano

La pieza más frágil en el rudo negocio del futbol sigue siendo el jugador. Suele olvidarse con facilidad que esta industria capaz de movilizar millones de dólares y personas, depende todos los días de la salud física y mental de 23 jóvenes que en promedio no rebasan los 26 años de edad. Al futbol profesional se le ha definido como negocio, espectáculo, herramienta de penetración, plataforma de comunicación, conjunto de intereses, y un sinfín de capas comerciales que no permiten ver que en el fondo, se trata de un deporte. El ejemplo más reciente y que mejor explica este fenómeno es el PSG: un equipo que acometió el fichaje más caro en la historia del fútbol con el único objetivo de ganar la Champions League. Pero el deporte, que sabe más de la naturaleza humana que del oficio comercial, nos recordó que también el futbolista más caro se puede lesionar. Cuando el PSG compró a Neymar, lo hizo imaginando una eliminatoria como la que tiene por delante: los ojos del mundo encima, un rival legendario y un futbolista dorado capaz de llevar a su Club a la tierra prometida. Meses después, se encuentra en una situación inimaginable: abajo en el marcador y con su gran figura en aparente fuera de combate. El escenario, lejos de parecer una tragedia financiera, es un enorme reto deportivo. El PSG ha recibido, cortesía del destino, la oportunidad para convertirse en un extraordinario equipo; de los que hacen época. Los próximos días serán fundamentales para definir sus próximos años. Asistiremos a la desesperación de una organización millonaria que intentará devolver a cualquier costo la salud a un jugador, y al mismo tiempo, veremos si un grupo de deportistas es capaz de curar a una organización que solo parece creer en el poder del dinero.  

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